SCENE 20: Agridulce


El “Cherry tree” había estado bastante tranquilo en las últimas semanas. En el ático no se oían discusiones, y salvo los cuchicheos extrañados de los pequeños del edificio nadie murmuraba nada en las escaleras.
Reira desayunaba pensativa esa mañana, casi como cada mañana desde el incidente, pero esta vez un ruido en las escaleras la quitó de su trance. Se levantó y de un salto llego a la puerta del apartamento, sujetó el pomo de la puerta para abrirla, pero se lo pensó dos veces y acabó curioseando por la mirilla. Allí estaba él, su vecino pelirrojo, apoyado con la cabeza en la puerta y las llaves en la mano, pero sin disponerse a abrir. Se dio la vuelta, y se deslizó por la puerta hasta acabar sentado en el suelo, viendo en dirección a Reira. Una sensación agridulce hizo que la chica se apartara de la mirilla. Apoyó el cuerpo de lado contra la puerta y la mano que sujetaba el pomo lo giró. La puerta se abrió un poco y Daisuke se irguió de un salto, sonriendo como si nada hubiese pasado.
Reira estaba paralizada al otro lado, no sabía que hacer, había abierto la puerta sin querer y ahora tendría que hablar con él. Se armó de valor y salió de su escondite. Daisuke le miraba sonriendo como cualquier día -¡Hola vecina! ¿Me echabas de menos?- le pregunto socarronamente. Reira se sorprendió, estaba actuando como si las últimas semanas no hubiesen ocurrido. Ella le sonrió sin darse cuenta, – Ni un millón de años harían que te echase de menos- le respondió aliviada, y bajó las escaleras como si nada.
Reira, sin quererlo, se encontraba ahora de puerta afuera, sin llaves y sin idea de a donde ir…

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Scene 20. Manos

 


Cada vez que cerraba sus ojos, sentía como aquella respiración profunda le recorría la yugular, como sus dedos se deslizaban suavemente sobre la piel de su pecho. El corazón empezaba a latir rápido y volvía a abrir los ojos, y los cerraba de nuevo fuertemente, pero era inútil, aquellas manos estaban grabadas a fuego en su piel, por mucho que lo intentara era incapaz de olvidarle.

Esa mañana a diferencia de las demás su vecino no había salido a la puerta a incomodarla. Reira con una sensación anómala, bajaba las escaleras aliviada por no tener que lidiar como cada mañana con Daisuke, pero a la vez extrañada por su ausencia. Después de tanto tiempo compartiendo descansillo se habían transformado en rutina las discusiones por las mañanas con él.

Pasaron las horas en la universidad y Reira seguía con esa sensación rara. En un cambio de clase buscó con la mirada al chico alto de cabello rojo entre los alumnos de la facultad, y allí al fondo del pasillo lo encontró, apoyado en la pared observándola.

Respiró profundo convenciéndose a ella misma que era buena idea ir a hablar con él. Caminó hacia su “odiado” vecino, que por una vez ni le sonrió, solo la miraba completamente serio. Pasaron segundos, pero para Reira el tiempo se había detenido, no entendía esa sensación extraña en la boca del estómago ni el silencio de su vecino. No ocurrió nada, Daisuke se fue, y Reira se quedó allí plantada de pie, viendo hacia la pared. El mundo seguía funcionado a su alrededor pero ella se había detenido en el tiempo. La sirena del final de las clases fue lo único que consiguió despertarle de su letargo.

Caminó bajo la lluvia hacia casa ensimismada en esos sentimientos que no entendía. A medio camino sintió un aliento cálido en su nuca y se detuvo, un cuerpo chocó con su espalda y sujetó fuertemente sus manos, inmovilizándola desde atrás. Su corazón empezó a latir con fuerza, le iba a salir por la boca, no podía pensar ni podía reaccionar. No podía verle, pero podía sentir que Daisuke la tenía atrapada.

Él soltó una de las manos que la apresaban, comenzó a recorrerla suavemente con la yema de sus dedos, el corazón del chico también empezaba a bombear deprisa. Le dio la vuelta y la puso cara a cara, estaba muy serio.

Reira empezó a asustarse, los dedos que la habían acariciado con tanta delicadeza empezaban a clavársele en la piel de la garganta dejándola sin respiración. Él chico ahora tenía una sonrisa perversa dibujada y su lengua se deslizaba por el mentón de ella. Le mordió los labios y apretó aún más su cuello, esta vez con ambas manos. Reira reaccionó, instinto de supervivencia tal vez, golpeó fuerte al chico en la entrepierna y echo a correr, pensó que en casa estaría a salvo.

Aún no había llegado al portal cuando se cruzó con Kal, ¿su salvador? Lo miró con ojos de súplica, Daisuke la seguía, aunque a duras penas dolorido por el golpe. Kal no preguntó, se interpuso en el camino de Daisuke y le golpeo el costado, Daisuke flaqueó pero cogió impulso y se tiró contra él, ambos se enzarzaron en una pela, mientras Reira huía escaleras arriba encerrándose en lo que hasta hoy consideraba su hogar.

Evol: Daisuke/Edward

Hoy los chicarrones de la casa cumplen años, llegaron juntos en 2009, y aunque Edward era una cabeza de regalo, pronto tomó forma y se quedó.

Y tanto que tomó forma, que en los últimos años no ha cambiado en absoluto, necesita algo de ropa, pero creo que tal cual está completo.

DaisukeEdward

Scene 20: Tacones

Daisuke


Tenía que quitársela de la cabeza, cada vez que cerraba los ojos la veía, con esa mirada desafiante como si le estuviera retando -“no hay huevos“-.

Deseaba recorrer su cuerpo con sus dedos, sujetarla con fuerza llenando su delgado cuello de marcas de sus dientes y aunque ella le decía que no, esa mirada desafiante le hacía pensar que ella también lo deseaba.

-¡Me estas volviendo loco!- exclamó al cielo -me estás volviendo loco…- susurró esta vez. Daisuke no podía soportar su negativa, jamás una mujer se le había resistido, y aquello era demasiado, en dos años que vivían puerta con puerta, nunca había conseguido que aquella chica cayera rendida a sus pies.

Lo que lo atormentaba no era amor, ni siquiera deseo, simplemente era orgullo. Daisuke solo se amaba a si mismo, aunque necesitaba que los demás lo amasen, él era incapaz de sentir nada por otra persona.

Decidió irse de allí, salir, correr, pegar a alguien, o encontrar una mujer en la que poder desahogar esa tensión acumulada por el último encuentro con su “sino”.

Corrió como un loco por la calle, esquivando y saltando obstáculos hasta que el aire dejó de llegarle a los pulmones. Se apoyó en una farola agachado y retomó aire. Delante de él, al otro lado de la acera había unos zapatos de tacón afilado, color carmín, continuó ascendiendo la vista lentamente recreándose en unas piernas increíbles, los tacones le hacían unas formas espectaculares. Que decir que el resto de las vistas eran de lo mejor. Se acercó a la mujer de zapatos rojos aún sin aliento, pero con su mejor sonrisa.

-Que hace una mujer tan exuberante en un bufete de abogados tan aburrido como ese.

-¿Quién dice que pertenezca a este bufete?- le respondió ella. Daisuke rió, esa mujer era lo que necesitaba en ese momento.

 

Scene 20: Hospital

 


Estaba aturdido, y sentía como si lo hubieran partido a la mitad, Daisuke no entendía como aquel insecto, además de darle una paliza, había sido capaz de llevárselo a cuestas como si nada corriendo al hospital. No solo eso… si la situación hubiese sido al contrario, él lo habría abandonado a su suerte. Pero Caleb, no se parecía en nada a Daisuke, a él le afectaba la culpabilidad, no había iniciado la pelea, y aunque solo se defendía, acabó por irse de las manos. Siempre que tenía algún enfrentamiento afloraba la bestia que llevaba dentro, alguna vez, conseguía controlarlo, pero eran contadas las ocasiones. Únicamente cuando Tora salia a escena, era cuando podía frenarlo, calmándose, pero Tora no estaba allí y Daisuke salió mal parado.

El chico de pelo rojo abrió los ojos, estaba en una habitación blanca, pequeña, a su lado, en una butaca Caleb le observaba apoyado sobre sus manos entrelazadas, como si estuviera rezando.

-Tienes dos costillas rotas, además de diversas contusiones, algunas leves… por todo el cuerpo.- dijo con voz severa.

-Ni que estudiaras medicina.- rió Daisuke con gesto de dolor.

-Bueno, ya que te encuentras como siempre puedo irme.- Y Caleb desapareció por la puerta de la habitación.

-Mamón…- soltó Daisuke entre dientes. Intentó moverse sintiendo una enorme punzada en el costado que lo paralizó. -¡Maldita rata!- gritó dándose por vencido.

Parecía que Daisuke quería llorar, pero el jamás lo hacía. La rabia le invadía, le consumía por dentro, y esa rabia era la que le hacía cometer estupideces, como enzarzarse en una pelea absurda en la que acabó mal parado. A pesar de que siempre era él el que salía victorioso, esa vez, por primera vez, le tocó perder.

Scene 20: Sexo

 


Era tarde y Daisuke llevaba horas tratando de cerrar sus ojos, -Este maldito insomnio…- hacía varios días que no podía dormir, aunque lo había probado todo: rubias, morenas, altas, bajas… generalmente mujeres de espíritu joven capaces de agotarlo físicamente.

Empezaba a tener migrañas, el dolor de cabeza era incómodo y apenas podía pensar claramente. Se le ocurrió que tal vez, solo tal vez podría matar el tiempo de cierta manera dibujándosele una sonrisa en el rostro, de esas que asustan cuando vas por la calle y ves a un hombre sonreír de esa manera.

Se levantó de la cama y se vistió el primer pantalón corto que se encontró, y salió así, al descansillo del edificio. Dio unos pasos y apoyó su frente en la puerta de su vecina, un poco mareado. Tocó la puerta suavemente. Eran altas horas de la madrugada, probablemente ella estaría durmiendo pensó, así que volvió a llamar un poquito más fuerte.

Una chica morena de grandes ojos verdes daba vueltas en su casa acalorada, oyó lo que parecía unos golpeteos. Daisuke no había terminado de llamar a la puerta cuando se abrió, dio un traspié y se fue hacia delante a punto de caerse. Rápidamente se irguió y así evitó caer sobre la chica de ojos verdes que le había abierto la puerta.

-Tú no…- le respondió Reira sin casi ganas.

-Shh, no querrás despertar a los vecinos- susurró él. La chica tornó los ojos en blanco y se cruzó de brazos. –No puedo dormir- continuó él.

-¿Y qué es lo que quieres?- preguntó molesta.

–Compañía- dijo Daisuke.

-Búscate a otra.

-Ya lo hice, con todas, y no funciona, eres la última esperanza- sonrió socarronamente- llevo días sin dormir, ¿no te doy pena?- dijo mirándola con ojitos de cachorrito.

Reira dio media vuelta con intención de cerrar la puerta en sus narices, pero él la agarró del brazo. –Tú no puedes dormir, y yo tampoco, ¿qué te cuesta pasar un rato conmigo?- Su voz había cambiado de repente, sus palabras y su cara eran de súplica, casi desesperación, -no tenemos que hacer sexo si no quieres, solo… solo hazme un poco de compañía.

Reira miró hacia él, extrañada por su cambio de actitud, nunca… nunca había mostrado vulnerabilidad, generalmente su actitud era arrogante. Reira se ablandó aceptando su compañía, pero advirtiéndole de sus reglas antes de dejarle pasar a su casa.

Daisuke descubrió lo pequeño que era el apartamento de la chica en comparación al de él. La estancia era pequeña, y allí solo había una cocina con una mesa y dos sillas, una pequeña televisión colgaba en una de las paredes vacías del apartamento prácticamente desnudo. -Así que esta es tu casa…- dijo Daisuke mientras se sentaba en una de las sillas –bonita.

-¿Quieres un té?- le ofreció la chica abriendo la nevera y sacando una jarra de un líquido con cubitos de hielo dentro. –Sí, por favor- le respondió el chico. Reira empezaba a preocuparse, su vecino nunca había sido tan amable y educado con ella.

–Uff, si que hace calor aquí- dijo el chico secándose el sudor de la frente. –No tengo aire acondicionado, y da el sol todo el día…- respondió ella mientras servía el té en dos vasos de cristal.

Pasaron horas hablando de cosas banales, el tiempo, la ciudad, sin darse cuenta que el sol había salido.

–Bueno, creo que va siendo hora de irme, si los vecinos despiertan  y saben que pasé aquí toda la noche pensarán mal. No queremos que cambie de la reputación que nos hemos ganado- Daisuke le giñó un ojo y salió a hurtadillas del apartamento.

Photo: Daisuke

Cada vez noto que me cuesta más sacar fotos. Aunque me paro más a colocar el muñeco, o a ver fotos en Internet para “inspirarme” y hacer la instantánea, manejar estos bichos (y en este caso a Daisuke que es gigantesco) me resulta más complicado.