Scene 20: Sueño

Caleb


Un día soñé con un lobo blanco, él venia a verme cada noche, se sentaba a mis pies haciendo guardia, y desaparecía al amanecer. En mi sueño, sentí como pasaba el tiempo, cada noche el lobo blanco aparecía y huía al salir el sol.

Las estaciones del año pasaron rápido y en el segundo invierno, con las primeras nieves el lobo blanco desapareció. La tercera noche sin su presencia temí por mi vida. Salí al bosque en su busca entre la nieve, creyendo con todas mis fuerzas que lo encontraría y me salvaría, pero no lo encontré. La nieve me sepultó y morí. En ese momento me desperté sobresaltado, el corazón me latía fuerte y sentía como bombeaba más rápido de lo normal la sangre que recorría mi cuerpo. Noté que algo no iba bien, estaba cambiando, pero antes de darme cuenta de nada me desmayé.

Al despertar, mi cuerpo no era el mismo. Sentía que era yo, pero no era yo. El pelaje negro que me recubría había desaparecido, y en su lugar una suave y fina piel se dejaba ver. Intenté levantarme torpemente y correr hacia el río pero mis fuertes y ágiles patas se habían convertido en manos y pies. Llegué al río torpemente y vi mi reflejo, que ya no era mio, era el reflejo de un humano.

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Scene 20. Manos

 


Cada vez que cerraba sus ojos, sentía como aquella respiración profunda le recorría la yugular, como sus dedos se deslizaban suavemente sobre la piel de su pecho. El corazón empezaba a latir rápido y volvía a abrir los ojos, y los cerraba de nuevo fuertemente, pero era inútil, aquellas manos estaban grabadas a fuego en su piel, por mucho que lo intentara era incapaz de olvidarle.

Esa mañana a diferencia de las demás su vecino no había salido a la puerta a incomodarla. Reira con una sensación anómala, bajaba las escaleras aliviada por no tener que lidiar como cada mañana con Daisuke, pero a la vez extrañada por su ausencia. Después de tanto tiempo compartiendo descansillo se habían transformado en rutina las discusiones por las mañanas con él.

Pasaron las horas en la universidad y Reira seguía con esa sensación rara. En un cambio de clase buscó con la mirada al chico alto de cabello rojo entre los alumnos de la facultad, y allí al fondo del pasillo lo encontró, apoyado en la pared observándola.

Respiró profundo convenciéndose a ella misma que era buena idea ir a hablar con él. Caminó hacia su “odiado” vecino, que por una vez ni le sonrió, solo la miraba completamente serio. Pasaron segundos, pero para Reira el tiempo se había detenido, no entendía esa sensación extraña en la boca del estómago ni el silencio de su vecino. No ocurrió nada, Daisuke se fue, y Reira se quedó allí plantada de pie, viendo hacia la pared. El mundo seguía funcionado a su alrededor pero ella se había detenido en el tiempo. La sirena del final de las clases fue lo único que consiguió despertarle de su letargo.

Caminó bajo la lluvia hacia casa ensimismada en esos sentimientos que no entendía. A medio camino sintió un aliento cálido en su nuca y se detuvo, un cuerpo chocó con su espalda y sujetó fuertemente sus manos, inmovilizándola desde atrás. Su corazón empezó a latir con fuerza, le iba a salir por la boca, no podía pensar ni podía reaccionar. No podía verle, pero podía sentir que Daisuke la tenía atrapada.

Él soltó una de las manos que la apresaban, comenzó a recorrerla suavemente con la yema de sus dedos, el corazón del chico también empezaba a bombear deprisa. Le dio la vuelta y la puso cara a cara, estaba muy serio.

Reira empezó a asustarse, los dedos que la habían acariciado con tanta delicadeza empezaban a clavársele en la piel de la garganta dejándola sin respiración. Él chico ahora tenía una sonrisa perversa dibujada y su lengua se deslizaba por el mentón de ella. Le mordió los labios y apretó aún más su cuello, esta vez con ambas manos. Reira reaccionó, instinto de supervivencia tal vez, golpeó fuerte al chico en la entrepierna y echo a correr, pensó que en casa estaría a salvo.

Aún no había llegado al portal cuando se cruzó con Kal, ¿su salvador? Lo miró con ojos de súplica, Daisuke la seguía, aunque a duras penas dolorido por el golpe. Kal no preguntó, se interpuso en el camino de Daisuke y le golpeo el costado, Daisuke flaqueó pero cogió impulso y se tiró contra él, ambos se enzarzaron en una pela, mientras Reira huía escaleras arriba encerrándose en lo que hasta hoy consideraba su hogar.

Scene 20: Hospital

 


Estaba aturdido, y sentía como si lo hubieran partido a la mitad, Daisuke no entendía como aquel insecto, además de darle una paliza, había sido capaz de llevárselo a cuestas como si nada corriendo al hospital. No solo eso… si la situación hubiese sido al contrario, él lo habría abandonado a su suerte. Pero Caleb, no se parecía en nada a Daisuke, a él le afectaba la culpabilidad, no había iniciado la pelea, y aunque solo se defendía, acabó por irse de las manos. Siempre que tenía algún enfrentamiento afloraba la bestia que llevaba dentro, alguna vez, conseguía controlarlo, pero eran contadas las ocasiones. Únicamente cuando Tora salia a escena, era cuando podía frenarlo, calmándose, pero Tora no estaba allí y Daisuke salió mal parado.

El chico de pelo rojo abrió los ojos, estaba en una habitación blanca, pequeña, a su lado, en una butaca Caleb le observaba apoyado sobre sus manos entrelazadas, como si estuviera rezando.

-Tienes dos costillas rotas, además de diversas contusiones, algunas leves… por todo el cuerpo.- dijo con voz severa.

-Ni que estudiaras medicina.- rió Daisuke con gesto de dolor.

-Bueno, ya que te encuentras como siempre puedo irme.- Y Caleb desapareció por la puerta de la habitación.

-Mamón…- soltó Daisuke entre dientes. Intentó moverse sintiendo una enorme punzada en el costado que lo paralizó. -¡Maldita rata!- gritó dándose por vencido.

Parecía que Daisuke quería llorar, pero el jamás lo hacía. La rabia le invadía, le consumía por dentro, y esa rabia era la que le hacía cometer estupideces, como enzarzarse en una pelea absurda en la que acabó mal parado. A pesar de que siempre era él el que salía victorioso, esa vez, por primera vez, le tocó perder.

Ficha: Caleb

Caleb

Nombre: Caleb – “Kal”
Edad: ?? apariencia 19
Molde: Chrom
Nacimiento: Marzo 2011 – abril 2013
Make-up: Rumpelstitskin
Ojos: provisionales
Peluca: CRWL-22 (light black)
Wishlist: ropa…

Kal es un “lobo solitario”, muy callado y siempre alerta. Apenas se relaciona con la gente, aunque es un perro fiel cuando conoce a alguien. Tiene muy mal genio, pero lo oculta lo mejor que puede, ya que cuando se enfada se transforma en una bestia. Practica yoga y cantos tibetanos a escondidas para controlar su genio. Tiene un gran corazón que le hace sentir culpable cada vez que sale su fiera.

Ficha Caleb

Scene 20: Silencio

 


De vez en cuando, Reira, tenia la costumbre de salir a caminar sin rumbo fijo por la cuidad. Esa vez acabó en el muelle donde está la terminal del ferry, paseando por el espigón. A pesar de ser un lugar bastante concurrido los días de verano, a mediados de otoño apenas había movimiento, aunque se podían oír los graznidos de las gaviotas alborotadas.

Oscurecía y las primeras luces de la cuidad empezaban a brillar tímidamente en el atardecer. Ella caminaba pensado en el día anterior cuando se topó con una figura familiar de frente que la observaba. En su cara se dibujaba una sonrisa entre tímida y apagada. Ninguno de los dos dijo una palabra, ni un saludo siquiera, simplemente se limitaron a caminar en silencio uno al lado del otro por el espigón.

Ya refrescaba bastante y Reira se estremeció de frío, Kal, como buen caballero le cedió su chaqueta. Ella se detuvo, su mirada era triste y Kal intentó animarla con una sonrisa, aunque un poco forzada, y aquello no funcionaba. La chica bajó la vista y continuó caminando mientras se colocaba el abrigo.

El semblante del chico también se volvió triste, la seguía varios paso atrás con las manos en los bolsillos sin perderle de vista. Unos metros más adelante, ella se detuvo de repente y se giró hacia el chico que la seguía. Kal se sorprendió, paralizado con las manos en los bolsillos a unos pasos de ella. Reira le miraba, parecía querer decirle algo, pero las palabras no salieron de su boca, ella se encogió de hombros, hundiendo la nariz en el abrigo que le quedaba grande.

-No te preocupes,-dijo él- no es asunto mío.

Reira se estiró al oír aquellas palabras, como si un escalofrío recorriera su espalda. Se quedó unos minutos mirándole sin decir nada, mientras Kal esperaba algún tipo de respuesta, pero no contestó, simplemente se acercó a él, se quitó la chaqueta y se la devolvió colocándosela por los hombros, Kal no reaccionaba, su respiración se había cortado y semejaba una estatua. Ella se le apoyó en el pecho, escondiéndose bajo aquella chaqueta. Y así se quedaron los dos, callados, para ellos el mundo se había detenido en aquel instante.