Evol: Daisuke/Edward

Hoy los chicarrones de la casa cumplen años, llegaron juntos en 2009, y aunque Edward era una cabeza de regalo, pronto tomó forma y se quedó.

Y tanto que tomó forma, que en los últimos años no ha cambiado en absoluto, necesita algo de ropa, pero creo que tal cual está completo.

DaisukeEdward

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Scene 20: Amigo

 


Cada mañana, en primavera y verano, Edward salía a la terraza dispuesto a regar sus queridas plantas. Entre ellas, los fresales, eran los que cuidaba con más esmero. Esperaba que las fresas crecieran brillantes y sanas para poder usarlas en la tarta que hacía Audrey, y que tanto le gustaba a Edward.

Una de las mañanas Edward se disponía a realizar la primera recolección de la temporada, pues las fresas el día anterior tenían una pinta deliciosa. Cuál fue su sorpresa que en el momento de cortar con las tijeras el primer fresón atisbó que le faltaba un pedacito. “Vaya, juraría que dejé suficiente agua para los pájaros” pensó. Cortó igualmente el fresón y lo dejó sobre la mesa. Al siguiente fresón le pasaba lo mismo, y al siguiente, y al siguiente. Todos parecían picados por los pájaros. Dejó todos los fresones en un platito sobre la mesa de la terraza para que los animalillos comieran en ellos y no picotearan el resto de fresones que quedaban por madurar.

Entró en casa decepcionado, quitándose el sombrero de paja que utilizaba para sus horas de jardinería. Audrey, estaba desconcertada, no entendía el estado de ánimo de Edward.

-¿Qué ocurre? ¿y las fresas?- Preguntó la chica.

-De momento no hay fresas- suspiró el chico pelirrojo.-se las han comido los pájaros.

-Vaya, espero que no se hayan empachado… si es que están tan deliciosas que no me extraña….-fantaseó la chica con los pajarillos regordetes y quejándose del dolor de tripa.- Creo que me quedan arándanos, no estará tan deliciosa como con tus fresas, pero ya que he empezado a cocinar… – Y la niña se puso manos a la obra.

Edward suspiraba viendo a través del cristal, observando las fresas picadas que dejara sobre la mesa de fuera. De repente, vio como uno de los fresones más grandes salía rodando despacito del montón de frutas. Se frotó los ojos, eran visiones, la fresa había parado, pero en unos segundos volvía a ponerse en movimiento, acariciando el canto de la mesa se volvió a detener. Edward se levantó corriendo hacia la fresa, cual fue su sorpresa al ver que un pequeño bichillo intentaba llevarse sus frutas. Lo sujetó con las yemas de sus dedos y lo puso a la altura de sus ojos. Parpadeó varias veces. El bichillo parecía una bolita de luz, sus cabellos blancos destellaban con la luz del sol, ensortijados.

-Así que tú has sido quien se ha estado comiendo mis fresas…-

En la cara del bichito se dibujó una sonrisa, entre tímida, avergonzada y unas gotas de travesura. Edward volvió a suspirar, la verdad es que no podía regañar a aquella cosita tan minúscula que parecía una persona.

-Mi nombre es Edward –le tendió un dedo a modo de saludo, que la pequeña personita tomo entre sus manos y estrechó, mientras tintineaba un sonido dulce de campanillas. –¿Qué te parece que te llamemos Ichigo?- la personita sonrió. –A partir de ahora seremos amigos.

Evol: Oriol

Estamos de “celebración”, hace 8 años llegó la cabecita de Oriol, se la había comprado a Sakuli modificada y maquillada por ella, con ojos y peluca. Y la verdad que en los últimos años, a excepción de comprarle un cuerpo nuevo, ojos y peluca (que tengo que cambiar…) Oriol sigue siendo casi igual.

Oriol

Compras: Aliexpress

Esta mañana me ha llegado un paraguas que había pedido el 14 de Junio a Luckly dan Store, tienda de la página de aliexpress. Supongo que el paquete tardó tanto en llegar por correos, pq así como hice el pedido, al día siguiente el paquete salió de la tienda.

Aunque no estoy encantada con el resultado (no es el mismo modelo que pedí aunque se “parece” y juraría que sería más pequeño), está muy bien hecho.

En realidad creo que estoy más enfadada por mis expectativas que por el producto en si…  y el precio… no debería sentirme tan enfadada, en fin.

Scene 20: Tacones

Daisuke


Tenía que quitársela de la cabeza, cada vez que cerraba los ojos la veía, con esa mirada desafiante como si le estuviera retando -“no hay huevos“-.

Deseaba recorrer su cuerpo con sus dedos, sujetarla con fuerza llenando su delgado cuello de marcas de sus dientes y aunque ella le decía que no, esa mirada desafiante le hacía pensar que ella también lo deseaba.

-¡Me estas volviendo loco!- exclamó al cielo -me estás volviendo loco…- susurró esta vez. Daisuke no podía soportar su negativa, jamás una mujer se le había resistido, y aquello era demasiado, en dos años que vivían puerta con puerta, nunca había conseguido que aquella chica cayera rendida a sus pies.

Lo que lo atormentaba no era amor, ni siquiera deseo, simplemente era orgullo. Daisuke solo se amaba a si mismo, aunque necesitaba que los demás lo amasen, él era incapaz de sentir nada por otra persona.

Decidió irse de allí, salir, correr, pegar a alguien, o encontrar una mujer en la que poder desahogar esa tensión acumulada por el último encuentro con su “sino”.

Corrió como un loco por la calle, esquivando y saltando obstáculos hasta que el aire dejó de llegarle a los pulmones. Se apoyó en una farola agachado y retomó aire. Delante de él, al otro lado de la acera había unos zapatos de tacón afilado, color carmín, continuó ascendiendo la vista lentamente recreándose en unas piernas increíbles, los tacones le hacían unas formas espectaculares. Que decir que el resto de las vistas eran de lo mejor. Se acercó a la mujer de zapatos rojos aún sin aliento, pero con su mejor sonrisa.

-Que hace una mujer tan exuberante en un bufete de abogados tan aburrido como ese.

-¿Quién dice que pertenezca a este bufete?- le respondió ella. Daisuke rió, esa mujer era lo que necesitaba en ese momento.