Scene 20: Sueño

Caleb


Un día soñé con un lobo blanco, él venia a verme cada noche, se sentaba a mis pies haciendo guardia, y desaparecía al amanecer. En mi sueño, sentí como pasaba el tiempo, cada noche el lobo blanco aparecía y huía al salir el sol.

Las estaciones del año pasaron rápido y en el segundo invierno, con las primeras nieves el lobo blanco desapareció. La tercera noche sin su presencia temí por mi vida. Salí al bosque en su busca entre la nieve, creyendo con todas mis fuerzas que lo encontraría y me salvaría, pero no lo encontré. La nieve me sepultó y morí. En ese momento me desperté sobresaltado, el corazón me latía fuerte y sentía como bombeaba más rápido de lo normal la sangre que recorría mi cuerpo. Noté que algo no iba bien, estaba cambiando, pero antes de darme cuenta de nada me desmayé.

Al despertar, mi cuerpo no era el mismo. Sentía que era yo, pero no era yo. El pelaje negro que me recubría había desaparecido, y en su lugar una suave y fina piel se dejaba ver. Intenté levantarme torpemente y correr hacia el río pero mis fuertes y ágiles patas se habían convertido en manos y pies. Llegué al río torpemente y vi mi reflejo, que ya no era mio, era el reflejo de un humano.

Anuncios

SCENE 20: Agridulce


El “Cherry tree” había estado bastante tranquilo en las últimas semanas. En el ático no se oían discusiones, y salvo los cuchicheos extrañados de los pequeños del edificio nadie murmuraba nada en las escaleras.
Reira desayunaba pensativa esa mañana, casi como cada mañana desde el incidente, pero esta vez un ruido en las escaleras la quitó de su trance. Se levantó y de un salto llego a la puerta del apartamento, sujetó el pomo de la puerta para abrirla, pero se lo pensó dos veces y acabó curioseando por la mirilla. Allí estaba él, su vecino pelirrojo, apoyado con la cabeza en la puerta y las llaves en la mano, pero sin disponerse a abrir. Se dio la vuelta, y se deslizó por la puerta hasta acabar sentado en el suelo, viendo en dirección a Reira. Una sensación agridulce hizo que la chica se apartara de la mirilla. Apoyó el cuerpo de lado contra la puerta y la mano que sujetaba el pomo lo giró. La puerta se abrió un poco y Daisuke se irguió de un salto, sonriendo como si nada hubiese pasado.
Reira estaba paralizada al otro lado, no sabía que hacer, había abierto la puerta sin querer y ahora tendría que hablar con él. Se armó de valor y salió de su escondite. Daisuke le miraba sonriendo como cualquier día -¡Hola vecina! ¿Me echabas de menos?- le pregunto socarronamente. Reira se sorprendió, estaba actuando como si las últimas semanas no hubiesen ocurrido. Ella le sonrió sin darse cuenta, – Ni un millón de años harían que te echase de menos- le respondió aliviada, y bajó las escaleras como si nada.
Reira, sin quererlo, se encontraba ahora de puerta afuera, sin llaves y sin idea de a donde ir…