Scene 20: Silencio

 


De vez en cuando, Reira, tenia la costumbre de salir a caminar sin rumbo fijo por la cuidad. Esa vez acabó en el muelle donde está la terminal del ferry, paseando por el espigón. A pesar de ser un lugar bastante concurrido los días de verano, a mediados de otoño apenas había movimiento, aunque se podían oír los graznidos de las gaviotas alborotadas.

Oscurecía y las primeras luces de la cuidad empezaban a brillar tímidamente en el atardecer. Ella caminaba pensado en el día anterior cuando se topó con una figura familiar de frente que la observaba. En su cara se dibujaba una sonrisa entre tímida y apagada. Ninguno de los dos dijo una palabra, ni un saludo siquiera, simplemente se limitaron a caminar en silencio uno al lado del otro por el espigón.

Ya refrescaba bastante y Reira se estremeció de frío, Kal, como buen caballero le cedió su chaqueta. Ella se detuvo, su mirada era triste y Kal intentó animarla con una sonrisa, aunque un poco forzada, y aquello no funcionaba. La chica bajó la vista y continuó caminando mientras se colocaba el abrigo.

El semblante del chico también se volvió triste, la seguía varios paso atrás con las manos en los bolsillos sin perderle de vista. Unos metros más adelante, ella se detuvo de repente y se giró hacia el chico que la seguía. Kal se sorprendió, paralizado con las manos en los bolsillos a unos pasos de ella. Reira le miraba, parecía querer decirle algo, pero las palabras no salieron de su boca, ella se encogió de hombros, hundiendo la nariz en el abrigo que le quedaba grande.

-No te preocupes,-dijo él- no es asunto mío.

Reira se estiró al oír aquellas palabras, como si un escalofrío recorriera su espalda. Se quedó unos minutos mirándole sin decir nada, mientras Kal esperaba algún tipo de respuesta, pero no contestó, simplemente se acercó a él, se quitó la chaqueta y se la devolvió colocándosela por los hombros, Kal no reaccionaba, su respiración se había cortado y semejaba una estatua. Ella se le apoyó en el pecho, escondiéndose bajo aquella chaqueta. Y así se quedaron los dos, callados, para ellos el mundo se había detenido en aquel instante.

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